En nuestra vida cotidiana estamos expuestos a millones de estímulos auditivos y visuales. Muchos de ellos escapan a nuestra voluntad y control, es decir, no podemos callarlos u ocultarlos. Por ejemplo si frente a nuestra casa hay un edificio en construcción, por un tiempo aumentará la contaminación sonora debido a los ruidos provocados por las maquinarias. Si vivimos frente a una escuela de primaria podemos asistir a la entrada y salida de niños o al recreo involuntariamente. Si las ventanas de la casa dan para una avenida muy transitada de vehículos tendremos mucho ruido de tránsito incluso en la noche. En algunos lugares de trabajo, al ruido habitual de las tareas se suma la música de fondo y a veces los sonidos propios de máquinas y equipos.
Al regresar a casa, actualmente más, las personas suelen usar auriculares para escuchar música o su programa preferido, y cuando llegan se conectan a internet o miran la televisión. Algunas personas suelen dormir con la luz encendida y en algunos casos con la tele o la radio.
Todos esos estímulos están llegando a nuestro cerebro que no descansa haciendo su trabajo "silencioso", es decir: decodificar, clasificar, escuchar, no escuchar, almacenar, descartar, etc.
Existe otra actividad que hacemos casi sin darnos cuenta: leer. A lo largo del día, de camino al trabajo, estudio o de regreso a casa, leemos miles de carteles con publicidad o indicaciones. Lo hacemos casi involuntariamente porque están ubicados de manera estratégica para ser vistos y porque tenemos una tendencia a leer todo aquello que se nos pone delante que tenga contenido de letras o símbolos.
Agréguese a esto todo lo que vemos: personas, situaciones, paisajes, casas, animales, autos, en fin el mundo que nos rodea.
Podríamos preguntarnos: ¿vemos y oímos lo que queremos? ¿Podemos elegir?
Cuando alguien nos dice "me duele el estómago" inmediatamente le preguntamos ¿qué comiste? para saber si algo de lo que incorporó en su cuerpo pudo dañarlo. Podríamos hacer lo mismo cuando una persona nos dice que le duele la cabeza o los ojos, o que está triste, deprimido, enojado, angustiado, preocupado, etc. Podríamos preguntarle ¿qué viste u oíste? para saber qué fue lo que incorporó que pudo dejarle un efecto nocivo.
EL SILENCIO TIENE MUY MALA FAMA
La posibilidad de estar en silencio no siempre es fácil de conseguir aunque parezca algo sencillo. Cuando estamos en una reunión de amigos, por ejemplo, uno se aparta de pronto y se aleja por un momento hacia un lugar que no hay personas, cierra los ojos, respira hondo y se relaja por cinco minutos y alguien que nos ve nos pregunta ¿te sentís bien? Cuando estamos en el trabajo y no participamos de la charla habitual de temas triviales seguro que alguien le pregunta a otro "¿qué le pasa a xx, que está tan callado? Si llegamos a casa y queremos estar en silencio, es probable que alguno de nuestros familiares piense que estamos enojados y si quisiéramos ir al cuarto a estar en silencio unos minutos pensarán que nos sucedió algo triste o malo en el día.
¿Por qué nos molesta tanto el silencio? ¿Por qué nos cuesta tanto estar en silencio?
Si estamos en la sala de espera del médico tomamos una revista para ojear o miramos la pantalla de la tele que está en la pared aún si no podemos acceder al audio. Cuando estamos en un auditorio no podemos evitar comentar con el de al lado lo que va diciendo el orador. Hasta cuando estamos en el cine o el teatro nos cuesta esperar a que termine la obra para comentarle algo a nuestro acompañante.
¡Qué difícil es estar en silencio y encontrar un momento y lugar para practicarlo! ¿verdad?
El silencio es un espacio de no ruido básicamente. Esto a veces es difícil de lograr a menos que se trate de una sala de grabación de sonidos, una iglesia o un teatro; porque siempre hay algún ruido de fondo aunque sea a la distancia.
Si una persona habla poco decimos que es "muy callado" si habla demasiado decimos "es un charlatán" ¿cómo encontrar el término medio? ¿cómo saber cuándo hay que hablar y cuándo callar?
Hay un dicho popular que dice que si nos dieron dos orejas y una boca es para que escuchemos el doble de lo que hablamos. Es un consejo útil y reditúa buenos resultados.
Estar en silencio desde afuera y desde adentro es más difícil todavía. Porque podríamos lograr un espacio de silencio (relativo) en nuestra casa o lugar de trabajo, pero ... ¿podemos callar al mono loco de nuestra mente? Esto es difícil. Se puede hacer un ejercicio de dejarlo hablar sin ponerle atención expresa, esto lo hacemos cuando meditamos, vamos dejando pasar las imágenes y los diálogos sin apegarnos a ellos para poder entrar en estado de meditación. Pero sólo si llegamos a un profundo estado de relajación (sin dormirnos) es cuando el mono loco queda en silencio, o por lo menos no lo escuchamos por un rato.
Estar en silencio es un desafío. Estar en una reunión y tratar de escuchar a los demás en lugar de hablar y hablar sólo por mostrar cuán simpáticos somos, le cuesta al ego. Responder "no sé" cuando no queremos participar de una charla trivial o de una discusión, implica un poco de autocontrol. Apagar la tele y la radio a la hora de almorzar o cenar, parece un sacrificio extremo. Dormir con la tele apagada, parece imposible. Tratar de volver a casa caminando y sin los auriculares, ufff... ni loco!. Ir a la playa y sentarse a escuchar el mar, será cuando me jubile. Entrar a una iglesia y estar allí un rato escuchando el silencio, ¡ni pensarlo!. Estar con nuestra pareja un rato en silencio, es señal de que algo anda mal. Sin embargo estas son algunas formas de ir incorporando el silencio en nuestras vidas.
Hay personas que no pueden estar mucho rato sin hablar cuando están con alguien, y hacen un esfuerzo por encontrar temas para dialogar; ¿por qué tenemos miedo a estar en silencio? parece que si dos amigos se encuentran y por un rato no hablan de algo es como si la amistad se estuviera por terminar, decimos "ya no tenemos tema de que hablar". Esto suele pasar a las parejas de matrimonio que hace muchos años están juntos. ¿Es malo estar un buen rato en silencio compartiendo el espacio con otro? No, todo lo contrario. Cuando dos personas pueden estar un rato largo en silencio es porque hay otro tipo de comunicación entre ellas que no necesita de la palabra.
JUGUEMOS
Podemos practicar un juego sencillo que se puede hacer estando solo, con amigos, con la pareja o con los niños. Apagar la tele, la radio, la computadora y la luz y ........ escuchar....... sólo escuchar.... con los ojos cerrados.... y tratar de discernir los sonidos del ambiente, hasta los más ínfimos y de a poco... ir agudizando el oído y percibir nuestra respiración.... y el corazón latiendo .... y ... cuentan los expertos que se puede escuchar el ruido que hacen nuestras neuronas al emitir impulsos eléctricos.... ¿no lo creen? bueno, hay que intentarlo y ver si se puede lograr.
COMO ESTAR EN SILENCIO
Si bien es difícil lograr el silencio exterior, también lo es conseguir el estado de silencio interior. Podemos usar tapones de oído para amortiguar los sonidos externos. Esto nos proporciona la oportunidad de escuchar los sonidos internos de nuestro cuerpo con mayor facilidad y lo vamos a usar para comenzar a callar el mono interior. La meditación es una buena técnica para comenzar a estar callados por un rato y poner atención a otras cosas. En primera instancia como dijimos, escuchar nuestro cuerpo y sus ruidos, reconocerlos. Después dejar que la mente consciente mantenga ese diálogo perpetuo que suele tener consigo misma y de a poco dejar de ponerle atención, como cuando le ponemos "mudo" a la tele, sabemos que está allí hablando pero no nos apegamos a ningún parlamento.
A partir de ahí y antes de quedarnos dormidos, podemos acceder a un pequeño y maravilloso espacio que queda entre un pensamiento y otro, un lugar donde no hay palabras, es decir no hay símbolo lingüístico. ¿qué hay entonces? sólo INTENCIÓN.
En ese intersticio entre un pensamiento-palabra y otro queda un lugar de energía en el que sólo hay intención, que es el pensamiento previo, antes de convertirse en palabra.
Es en este lugar donde podemos operar poderosos cambios para SANAR algo en nuestra vida, un hábito improductivo, un modo de relacionarnos que nos trae dolor, una enfermedad física o mental, un recuerdo penoso, un problema que no podemos resolver.
Allí donde se encuentra el silencio es donde podemos intervenir con nuestra mente consciente para incorporar INTENCIÓN DE SANAR, INTENCIÓN DE AMOR que producirá cambios positivos en nuestra vida.
Para empezar a valorar el silencio como herramienta de sanación probemos a participar de las charlas con mayor espacio de silencio, ¿parece contradictorio? bueno, es así. Cuando estamos en una reunión practiquemos la escucha más que la palabra y hagamos un pequeño "auto-test" antes de hablar que consiste en una pregunta: ¿LO QUE VOY A DECIR, APORTA ALGO POSITIVO? si la respuesta es SI puedo agregarlo al diálogo, si la respuesta es NO, mejor me quedo callada. ¿qué les parece para empezar?
Cuando lo que voy a decir entra en la categoría de QUEJA, CRITICA, BURLA O AGRESIÓN, puedo tomarme un tiempo para decidir si lo digo o no, si contribuye a una comunicación sana o no, si enriquece o destruye, si es para satisfacción de mi ego o no; y valorar que si mi parlamento no contribuye en nada positivo, mejor CALLAR y escuchar.
El silencio es un espacio de paz que genera más paz, armonía y descanso para el cerebro y para el alma. Es una herramienta altamente SANADORA como la respiración, está al alcance de todos, no tiene costo y produce grandes beneficios. Es un REMEDIO al alcance de todos. Procuremos 15 MINUTOS DE SILENCIO a diario y en un breve tiempo comenzaremos a ver los cambios favorables en nuestro entorno.
Gracias, hasta la próxima





